lunes, octubre 30, 2006

para todos los 31

La arepa es una especie de pan
preparado comúnmente de harina de maiz (areparina),
al que se le da forma circular aplastada, de unos diez a veinte centímetros de diámetro.

La señora que me enseñó a hacer arepas está de cumpleaños hoy martes, el mismo día que H y yo, faltando un cuarto para las 6 de la tarde, igual que H y yo. El año pasado se fue con familia y todo a celebrar con comida china, y tal como lo es viajar en avión o dar un ósculo, salir con ellos y sentarnos a conversar son de esos momentos que no se dan todos los días, así por ser, y cuando ocurren se viven de manera alucinante. Aunque la panadería sea el tema favorito por excelencia, se agradece. Y mientras rodaban los platos de chap suey, chaufan, charpei y otras barbaridades de tinte oriental, nos acordábamos del abuelo, en qué estará pensando, si estará sufriendo, si no quiere más cables, si tendrá hambre, si le podría convidar un poco de arroz.
Brindamos por ella, por el abuelo, por la areparina que aún no llegaba del norte y por esos días que hacen salir mariposas en el estómago. Que falta alguien que ayude a atender el negocio y que esta noche hay que hacer inventario, una de las pocas actividades de caracter matemático que podría hacer un poco más segura que de costumbre, con distractores incluidos, sin perder la cuenta de los chicles ni los helados, ceremoniosa y profesional. Mientras tanto uno piensa dónde compran todos los adornitos de los restaurantes chinos, y si a los hombres en Taiwan efectivamente les pagan 1 dolar por 23 horas diarias haciendo tantas rayas, igual que a los obreros de la Nike.

Apenas pedimos la cuenta, llaman al celular de H. Él ya no tiene hambre, no está sufriendo, no quiere más cables, hoy no comerá arroz.
Tiempo después llegó la areparina y con eso otro momento alucinante.
El año pasa volando.

martes, octubre 24, 2006

25 años

Haciendo un acto de afectiva melosidad académica, el consejo de la gran profesora de Historia del José Miguel Infante se ha convertido en uno de mis mayores defectos: mirar el pasado con los ojos de hoy, aunque más que usar esos ojos es el simple hecho de mirar tanto al pasado. Sin embargo me es inevitable pensar que si al Señor Carvajal Lafitte ("con una f y dos t") no le hubieran negado la visa donde los venecos, el cuento sería otro. O si se hubiese cabreado de tanto viajar y simplemente decidiera regresar a casa, serían diferentes los cuerpos, los acentos y las experiencias, y aunque la tradición familiar marca, suma y sigue, quién sabe si con H nos vayamos por el mismo camino. El Cristian me dice que podríamos grabar una película con todo esto, y a pesar de mi mala fama de ver dos cintas por año y quedarme dormida en la mitad de alguna, paso el rollo mental y me parece increible todo esto. Y claro que me dan muchas ganas de compartirlo con alguien.
Porque en tanto trabajo y tanta distracción para no afrontar las cosas de golpe y tomar decisiones más rápidas, he encontrado más donde echar cabeza y el segundo semestre se me ha vuelto más "femenino" que de costumbre. Y retorna la cosa sensible cuando pienso que si hace exactamente 25 años ellos no hubieran tomado ese vuelo, mi respeto hacia los aviones y el silencio no serían los mismos. Sí sí, lamentablemente salí poco enamorzadiza pero aun así los hombres y los aviones me traen el mismo sentimiento. Aunque el viaje que viene será corto, la cosa aerea me ilusiona; hace 3 años, después de tantos problemas en el aeropuerto por prejuicios absurdos, ella me hizo una cruz en la frente, nos tomamos de las manos y apenas despegó ese avión empezamos a llorar, como nunca. Ella con esa preocupación maternal de ir y dejar, de seguir construyendo y recuperando, mientras yo lloraba al verla y por la oportunidad de reconstruir con mis ojos lo que antes recreaba con las fotos de otros. Ahora no tendré a quien mirar ni a quien tomar de la mano, pero con un "chita que tay grande, ahora viajas sola" quizás me defienda y de todas maneras acabe lagrimeando.

Ocupar 20 de esos 25 es más que un honor, qué quiere que le diga.
y esta vaina no se llama areparina porque sí, hubiera llegado mi viejo a Venezuela igual tendríamos que comer estas delikatessen el resto de la vida.

lunes, octubre 16, 2006

La Arepa Maker


Porque se me están encrespando las pestañas y ando en la onda "es que sola puedo" pa tratar de subir una foto a este fundo y porque necesito más que un manual para dummies, mixeado con el impacto de descubrir los nuevos inventos de la Oster para el caribe con amor y de la intensa búsqueda del código perfecto para modificar con elegancia la plantilla del cabernet, parece que le agarraré el gusto a este asunto de una vez por todas, y comenzaremos a venerar a mi señora, la Arepa, como ella se lo merece. Su Majestad la Cumbia no lo había dicho todo.



With this Model 4798 Oster Arepa Maker you can
bake great arepas with extra-large arepa cavities. Get consistent results every
time with Power/Ready lights. Variable browning by adjustable temperature
controls. Maximize storage with compact design.


(????!!!!)... Y lo peor de todo es que ahora se borra el fondo, la mina pa huaaasa oh!

miércoles, julio 05, 2006

El segundo libro más bello del mundo

Esas cosas que pasan cuando nos quedamos dormidos en medio de una clase. Los párpados cerrados, la columna curva, el cuerpo completo ejecutando esas danzas oscilantes, con una técnica que ni los cien meses de capoeira de él ni los cinco años de danzas exóticas de ella pudieron igualar. El tercer personaje lleva el sueño en la sangre, así de simple. Y el lápiz comienza a manchar en el papel lo inconsciente, lo prohibido, el garabato que jamás podrá ser igualado, una obra de la cual estaremos orgullosos durante los próximos 10 minutos cuando demos vuelta cada hoja con soberana rapidez y nos preguntemos una y otra vez con cierto aire de complicidad QUÉ DICE AHÍ.

miércoles, junio 07, 2006

Tony Mouzayek

mi estimado (a):

usted sabe la alegría que se siente
escuchar una canción después de 3 años de intensa búsqueda
y no saber qué carajo dice?

jueves, junio 01, 2006

Marchas blancas fomes

Estas cosas tecnológicas son tan traumantes como cuando H me dijo que me regalaría el celular.