La arepa es una especie de pan
preparado comúnmente de harina de maiz (areparina), al que se le da forma circular aplastada, de unos diez a veinte centímetros de diámetro.
La señora que me enseñó a hacer arepas está de cumpleaños hoy martes, el mismo día que H y yo, faltando un cuarto para las 6 de la tarde, igual que H y yo. El año pasado se fue con familia y todo a celebrar con comida china, y tal como lo es viajar en avión o dar un ósculo, salir con ellos y sentarnos a conversar son de esos momentos que no se dan todos los días, así por ser, y cuando ocurren se viven de manera alucinante. Aunque la panadería sea el tema favorito por excelencia, se agradece. Y mientras rodaban los platos de chap suey, chaufan, charpei y otras barbaridades de tinte oriental, nos acordábamos del abuelo, en qué estará pensando, si estará sufriendo, si no quiere más cables, si tendrá hambre, si le podría convidar un poco de arroz.
Brindamos por ella, por el abuelo, por la areparina que aún no llegaba del norte y por esos días que hacen salir mariposas en el estómago. Que falta alguien que ayude a atender el negocio y que esta noche hay que hacer inventario, una de las pocas actividades de caracter matemático que podría hacer un poco más segura que de costumbre, con distractores incluidos, sin perder la cuenta de los chicles ni los helados, ceremoniosa y profesional. Mientras tanto uno piensa dónde compran todos los adornitos de los restaurantes chinos, y si a los hombres en Taiwan efectivamente les pagan 1 dolar por 23 horas diarias haciendo tantas rayas, igual que a los obreros de la Nike.
Apenas pedimos la cuenta, llaman al celular de H. Él ya no tiene hambre, no está sufriendo, no quiere más cables, hoy no comerá arroz.
Tiempo después llegó la areparina y con eso otro momento alucinante.
El año pasa volando.